–Abel, ¿me dejas usar tu ordenador?
–Claro, cómo no.
Enrique Dans se mete en mi habitación y empieza a teclear como un loco. Se comenta que su blog es muy activo e influyente.
A los veinte minutos sale. No parece muy satisfecho.
–¿Cómo ha ido?
–Bueno, ahí estoy, al pie del cañón.
–¿Puedo leerlo?
–Sí, claro, pero no creo que te guste. A la gente como tú no le gustan mis posts.
–Ya será menos.
Y me fui a leerlo. Hoy Enrique habla sobre un artículo de Adriana Blanco, y ella, a su vez, cita a Dans, a Escolar, a Pérez… Es un círculo vicioso.
–Oye, Enrique, dime: ¿cómo es que tus posts son solamente enlaces a otros posts, pero con líneas y líneas de retórica vacía?
–Es mi trabajo. Hice un curso de verano de “Oratoria para todos” en la Complutense.
–Ya, pero no estás haciendo ningún favor a la blogosfera.
–Bueno… Yo generaría contenido, pero la verdad es que no se me ocurre nada. De todos modos, me va bien así.
–¿Por qué no escribes sobre el buzz de tu blog? Eso sí sería realmente interesante.
–Mmm… No es mala idea, pero quizás no me gustara la conclusión final.
–Entiendo… A mí me pasaría lo mismo.
–Oye, ¿y tú por qué no escribes un blog?
–Uff… Yo no tengo tiempo para eso.
Pero no lo dije muy convencido. Empecé a pensar cómo sería una vida de blogger de primera categoría, recibiendo miles de visitas diarias, cientos de comentarios, decenas de invitaciones para dar charlas en las salas más prestigiosas del mundo blogger… Cuando fui a decirle a Enrique que quizás me lo pensaba, él ya se había esfumado para escribir su siguiente post.
14 Octubre, 2007 a las 10:36 am |
Very interesting.