The end of the music
Hoy U2 ha vendido 90.000 entradas para su concierto en Barcelona. A las 9 de la mañana la cola daba toda la vuelta a la manzana del Triangle (que yo lo vi) para comprar las entradas en nuestra querida FNAC. La más barata costaba 57 euribors, la más cara entorno a los 150. Si sacamos la calculadora y aplicamos un precio medio por entrada de 60€ nos salen unos 5,4 kilazos que los barceloneses se han dejado en menos de una hora. Restando lo que el Barça se quedará en concepto de alquiler (calculo que un milloncejo), gastos varios de gestión, montaje, logística, las gafas de sol de Bono, etc. cada unos de los componentes de la banda se puede embolsar fácilmente medio millón por ese concierto. De la segunda guitarra que se oye en sus conciertos aún no tenemos notícias. Hay varias escuelas de pensamiento en torno a este fenómeno: unos sostienen que es el espíritu de un barón irlandés, otros que es una simple grabación en cassette; por lo que creemos que no saldrá muy caro su concurso.
En fin, que parecen rentables esas tres horas de trabajo. Así que no me vengan con que las mal llamadas descargas ilegales estan acabando con el negocio de la música porque me parto de la risa. Tampoco me vengan con que U2 son un caso aislado, junto con los Rolling, Madonna o el cansino de Bruce. No, porque los que no se ganan la vida con los conciertos no venden tampoco un puto disco.
Felicidades a los afortunados, que podrán escuchar (otra vez) Where the streets have no name, With or without you, One o alguna de las nuevas en un montaje de luz y sonido apabullante. Con un poco de suerte Bono pida una pizza en directo o el segundo guitarrista salga a saludar.