Inicio > Sociedad > Enrique Dans actuando en consecuencia

Enrique Dans actuando en consecuencia


La última mañana que nos teníamos que ver, el cielo de Colonia brillaba como el diamante recién pulido. Me levanté más pronto que nunca, compré el pan más tierno que encontré, y saqué el café que me había regalado Sandro, el que preparo solamente para las grandes ocasiones. Deseaba con todas mis fuerzas que Enrique Dans se fuera con la mejor impresión posible de mí.

–Abel, ya lo he decidido. Tengo que acabar con mi vida.

Por fin Enrique Dans estaba actuando en consecuencia.

–Pero necesito pedirte un favor: tú debes ser quien me ejecute.

Me puse serio de golpe. Me estaba pidiendo que le asesinara. Quizás luego debería pagar por ello.

–No te pongas triste. Piensa que te vas a convertir en un héroe. Y sin escribir una sola línea en la blogosfera.

Visto de esa manera, no era mala idea. Estaba haciendo un gran favor a la inteligencia universal. Mejor dicho, estaba encarnando el papel de justiciero cósmico.

–Iremos al río, al puente de hierro. Allí tan sólo deberás darme el último empujón.

Quien no tenga debilidades, que tire la primera piedra, porque en ese momento empecé a pensar que quizás Enrique Dans no era tan necio como pensaba. Por primera vez le escuchaba crear un escenario nuevo, original, que él diseñaba a medida que lo iba explicando, sin referenciar a nadie ni a nada: él estaba pensando.

–No te preocupes; te dejo una carta firmada en la que expongo mis motivos, por si te la pide alguien. Yo sólo quiero que me acompañes, que estés ahí en mi último momento.

Nos fuimos caminando hacia el río. No estaba lejos, pero era un paseíto. Resultó agradable y relajante porque corría una brisa fresca y el sol nos calentaba la nuca. En todo el camino no nos dijimos nada.

Quién iba a decir que, a última hora, iba a ser el majestuoso Rin quien dictara sentencia. La vía fluvial más transitada de Europa iba a llevarse para siempre al bueno de Enrique Dans.

Caminamos juntos por el puente, por el otro lado, el que siempre está vacío, para evitar preguntas indiscretas. Enrique se subió a la barandilla metálica, y estiró su brazo para darme su último adiós.

–Adiós, amigo; dame tu empujón.

Fui hacia él para cumplir su voluntad, pero tuvo tan mala suerte que su pie derecho resbaló, y antes de que le tocara ya se había precipitado al vacío. Uno, dos, tres, cuatro larguísimos segundos de caída libre, y patapaf, fue a dar con sus huesos en el montón de excrementos que transportaba un carguero que justamente se asomaba en ese momento. Tan sólo alcancé a escuchar un ayyy, y su cuerpo, su vida, y ese maldito barco se fueron río abajo.

Nunca más le volvería a ver.

FIN

Anuncios
Categorías:Sociedad
  1. Coca
    17 octubre, 2007 en 7:17 pm

    Gracias

  2. 17 octubre, 2007 en 7:22 pm

    Las historias no se acaban hasta que no aparece la palabra FIN.

  3. 18 octubre, 2007 en 7:17 pm

    No hay nada más asqueroso que la mentira y la manipulación. Tú mismo te pones en evidencia.

  4. Coca
    18 octubre, 2007 en 8:29 pm

    Es la guerra!!!!

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: